lunes, 16 de febrero de 2026


 

Vida buena y buena vida

 

En el mundo de hoy, hay buena vida y vida buena.
 
Buena vida es estar bien. Por eso, tenemos personas de buena
vida y personas de vida buena.

 
Las primeras se sirven a si mismas. Las segundas, respiran 
en el auxilio incesante de los demás.

 
La buena vida, tiene rastros de sombras. La vida  buena 
presenta marcas de luz.

 
El desorden favorece la buena vida. El orden, garantiza la vida 
buena.

 
Palabras adornadas, acostumbran acompañar la buena vida. 


Buenos ejemplos aseguran la vida buena.
 

La ignorancia, oscurece la buena vida. La educación ilumina la 
vida buena.
 

El egoísmo, alimenta la buena vida. La caridad, enriquece la 
vida buena.

 
La indisciplina, es el objeto de la buena vida. La disciplina es 
la vía de la vida buena.
 

Veamos las lecciones del Evangelio:
 

     Magdalena, obsesa, se perdiera en los engaños de la 
buena vida, pero encontró en nuestro Divino Maestro la orientación necesaria para la vida buena.
 
     Zaqueo, afortunado, se apegara en demasía a las 
posesiones efímeras de la buena vida, sin embargo, al contacto
con Nuestro Señor, aprendió como situar sus bienes en 
dirección con la vida buena.
 

     Judas, el discípulo descuidado, procurando la buena vida, 
se entregó a la deserción y sintiendo extrema dificultad para 
volver a la vida buena, fue tomado por la locura.

 
     Simón Pedro, el apóstol receloso, intentando conservar la 
buena vida, instintivamente negó al Divino Amigo por tres 
veces, pero regresando prudente, a la vida buena, abrazó el 
sacrificio, desde el día de Pentecostés, para su propia 
ascensión.
 

     Pilato, el juez dubitativo, interesado en disfrutar de la 
buena vida, se lavó las manos en cuanto al destino del Excelso Benefactor, adquiriendo el arrepentimiento y el 
remordimiento que lo distanciaron de la vida buena.
 

     Como es fácil observar, en las sendas terrestres, hay 
mucha gente de buena vida y poca gente de vida buena, 
porque la buena vida oscurece el alma; y la vida buena, mantiene la consciencia despierta para el desempeño de nuestras propias obligaciones.

 
     Estemos, pues, alerta en cuanto a la posición que 
escogemos, porque por la forma de nuestra experiencia diaria, 
sabremos con seguridad que especie de vida seguimos 
nosotros. 

 

 Francisco Cándido Xavier/ espíritu Scheilla

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