Vida buena y buena vida
En
el mundo de hoy, hay buena vida y vida buena.
Buena vida es estar bien. Por eso, tenemos personas de buena
Buena vida es estar bien. Por eso, tenemos personas de buena
vida y personas de vida
buena.
Las primeras se sirven a si mismas. Las segundas, respiran
en el auxilio incesante
de los demás.
La buena vida, tiene rastros de sombras. La vida buena presenta marcas de luz.
El desorden favorece la buena vida. El orden, garantiza la vida
buena.
Palabras adornadas, acostumbran acompañar la buena vida.
Buenos ejemplos aseguran la
vida buena.
La
ignorancia, oscurece la buena vida. La educación ilumina la
vida buena.
El
egoísmo, alimenta la buena vida. La caridad, enriquece la
vida buena.
La indisciplina, es el objeto de la buena vida. La disciplina es
la vía de la vida
buena.
Veamos
las lecciones del Evangelio:
Magdalena, obsesa, se perdiera en los
engaños de la
buena vida, pero encontró en nuestro Divino Maestro la orientación necesaria para la vida buena.
Zaqueo, afortunado, se apegara en demasía a las
posesiones efímeras de la buena vida, sin embargo, al contacto
con
Nuestro Señor, aprendió como situar sus bienes en
dirección con la vida buena.
Judas, el discípulo descuidado, procurando
la buena vida,
se entregó a la deserción y sintiendo extrema dificultad para
volver a la vida buena, fue tomado por la locura.
Simón Pedro, el apóstol receloso, intentando conservar la
buena vida, instintivamente negó al Divino Amigo por
tres
veces, pero regresando prudente, a la vida buena, abrazó el
sacrificio,
desde el día de Pentecostés, para su propia
ascensión.
Pilato, el juez dubitativo,
interesado en disfrutar de la
buena vida, se lavó las manos en cuanto al
destino del Excelso Benefactor, adquiriendo el arrepentimiento y el
remordimiento que lo distanciaron de la vida buena.
Como
es fácil observar, en las sendas terrestres, hay
mucha gente de buena vida y
poca gente de vida buena,
porque la buena vida oscurece el alma; y la vida
buena, mantiene la consciencia despierta para el desempeño de nuestras propias
obligaciones.
Estemos, pues, alerta en cuanto a la posición que
escogemos, porque por la forma de nuestra experiencia diaria,
sabremos con seguridad que especie de vida seguimos
nosotros.
Francisco Cándido Xavier/ espíritu Scheilla

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