lunes, 28 de marzo de 2022

Comprendiendo la organización de Jesús




   Como hombre, tenía el organismo de los seres carnales, pero como Espíritu puro, desprendido de la materia, vivía más la vida espiritual que la vida corporal, cuyas debilidades no padecía. La superioridad de Jesús con relación a los hombres no era el resultado de las cualidades particulares de su cuerpo, sino de las de su Espíritu, que dominaba a la materia de un modo absoluto, y de la cualidad de su periespíritu, extraído de la parte más quintaesenciada de los fluidos terrestres. Su alma no se encontraba prisionera del cuerpo más que por los vínculos estrictamente indispensables. 

   Constantemente desprendida, ella le otorgaba la doble vista no sólo permanente, sino de una penetración excepcional, muy superior a la que poseen los hombres comunes. Lo mismo debía de darse en Él con relación a los fenómenos que dependen de los fluidos periespirituales o psíquicos. La calidad de esos fluidos le confería un inmenso poder magnético, secundado por el deseo incesante de hacer el bien.

   ¿Actuaría como médium en las curaciones que producía? ¿Se lo podría considerar un poderoso médium curativo? 

   No, puesto que el médium es un intermediario, un instrumento del que se sirven los Espíritus desencarnados. Ahora bien, Cristo no precisaba asistencia; Él era quien asistía a los demás. Obraba por Sí mismo debido a su poder personal, como en ciertos casos pueden hacerlo los encarnados, en la medida de sus fuerzas. Por otra parte, ¿qué Espíritu osaría infundirle sus propios pensamientos y le encargaría transmitirlos?... Si acaso Él recibía algún influjo ajeno, este sólo podría provenir de Dios. Según la definición dada por un Espíritu...: Jesús... era médium de Dios.

 

Del libro La Génesis, de Allan Kardec

jueves, 3 de marzo de 2022

Conversación, Nicodemo con Jesús.

 


¿POR QUÉ, SEÑOR?


…Y Nicodemo, el gran Nicodemo de los primeros días del Evangelio, pasó a contarnos...:

- Después de la aparición del Señor a los quinientos de Galilea, cierto día, al atardecer, me detuve a la orilla del lago de sus predicaciones, rogando a Él me disipase las dudas. Ante las enseñanzas divinas, yo experimentaba el choque en torno de las ideas de justicia y misericordia, responsabilidad y perdón… ¿De qué manera conciliar el bien y el mal? ¿Cómo establecer la diferencia entre el premio y el castigo? Atormentado, delante de las exigencias de la Ley de la que yo era intérprete, le supliqué la palabra y he aquí que, de súbito, el Excelso Bienhechor apareció junto a mí… Me postré en la arena y Jesús, aproximándose, me tocó, levemente, la cabeza fatigada, e inquirió:

- Nicodemo, qué pretendes de mí?.

-Señor, – comenté ,- tengo el pensamiento en fuego, intentando discernir sobre rectitud y delincuencia, bondad y corrección… ¿por que comiste con pecadores y tantas veces te referiste, casi rudamente, a los fariseos, leales seguidores de Moisés? Acaso, ¿están en la verdad las personas de vida impura, y erradas aquellas otras que se muestran fieles a la ley?

Jesús respondió con inflexión de blandura insuperable:

- Nunca dije que los pecadores están en el camino justo, sino afirmé que no vine al mundo a socorrer a los sanos, y sí a los enfermos. En cuanto a los principios de santidad, ¿qué decir de los buenos que detestan a los malos, de los felices que desprecian a los infelices, si todos somos hijos de Dios? ¿De qué sirve el tesoro enterrado o el libro escondido en el desierto?

- Señor, – prosiguió, - ¿por qué dispensaste tanta atención a Zaqueo, el rico, al punto de compartir su mesa, sin visitar los hogares pobres que le rodean la morada?

- Estuve con las multitudes, desde las noticias iniciales del nuevo Reino!... Con relación a Zaqueo, él es un rico que deseaba instruirse, y negar la lección, a aquellos amigos a quien el mundo apellida de avaros, es lo mismo que negar remedio al enfermo…

¿Y las meretrices, Señor? ¿Por qué las defendiste?

- Nicodemo, en la hora del Juicio Divino, muchas de esas mismas desventuradas mujeres, que censuras, resurgirán del lodo de la angustia, limpias y brillantes, lavadas por el llanto y el sudor que derramaron, mientras que aparecerán cargados de sombra y lodo aquellos que les prostituyeron la existencia, después de abusar de su confianza, lanzándolas a la condenación y a la enfermedad.

- Señor, oí decir que diste a Pedro el papel de conductor de tus discípulos… ¿Por qué? ¿No es él, el colaborador que te negó tres veces?...

- Exactamente por eso… En el dolor del remordimiento por las propias flaquezas, Simón ganó más fuerza para ser fiel… Más que los otros compañeros, él sabe ahora cuánto cuesta el sufrimiento de la deserción…

- Maestro, ¿y los ladrones del último día? ¿Por qué te dejaste inmolar entre dos malhechores? Y ¿por qué aseguraste a uno de ellos el ingreso en el paraíso, junto a Ti?

- ¿Cómo puedes juzgar apresuradamente la tragedia de las criaturas cuya historia no conoces desde el principio? No encubro a los que practican el mal; mientras tanto, es preciso saber hasta qué punto habrá alguien resistido a la tentación y al infortunio para que se le mida el tamaño de la falta… Hay hambrientos que se transforman en víctimas del propio desequilibrio y hay empresarios del hambre que responderán por la crueldad con que niegan el pan… Con referencia al amigo a quien prometí la entrada inmediata en la Vida Superior, es verdad que así lo hice, mas no dije para qué. .. Él realmente fue conducido al Mundo Mayor para ser reeducado y atendido en sus necesidades de elevación y transformación!...

- Señor, – insistí, - ¿y la responsabilidad con que nos cabe tratar de la justicia? ¿Por qué pediste perdón al Todopoderoso para los propios verdugos, cuando estabas suspendido en la cruz del martirio, exculpando a los que te agredían?

-No anulé la responsabilidad en ningún tiempo… Rogué, maniatado a la cruz: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen…” Con eso no aseveré que nuestros adversarios gratuitos estuviesen haciendo lo que debían hacer… Esclarecí, tan sólo, que ellos no sabían lo que estaban haciendo y, por eso mismo, se mostraban dignos de la mayor compasión!...

Ante las palabras del Señor – concluyó el antiguo maestro de Israel -, las lágrimas me subieron de las entrañas del alma a los ojos… Nada más vi que no fuese el velo diáfano del llanto, reflejando las sombras que anunciaban la noche… Aún así, oí, como si el Señor me hablase lejos, muy de lejos:

-Misericordia quiero, no sacrificio…

En ese punto de la narrativa, Nicodemo se calló. La emoción sofocaba la voz del gran instructor, cuya presencia nos honraba la mansión espiritual. Y en cuanto a nosotros, viejos juzgadores del mundo, que lo oyéramos atentos, entramos todos en meditación y silencio, ya que ninguno apareció en nuestra tertulia íntima con bastante disposición para añadir palabra.

Del libro: Vitrina de la Vida. Psicografiado por Chico Xavier.

domingo, 13 de febrero de 2022

Responsabilidad sobre el suicidio

 


DECLINACIÓN

  Aquí va, mi amigo, la entrevista rápida que usted solicitó al viejo periodista desencarnado con una suicida común. Sabe usted, como yo, que no existen casos absolutamente iguales. Cada uno de nosotros es un mundo en sí. Para nuestro esclarecimiento, sin embargo, debo decirle que se trata de una joven señora que, hace precisamente catorce años, despidió el cuerpo físico, por deliberación propia, ingiriendo insecticida.

Algunos apuntes más, ya que no podemos transformar el doloroso asunto en una novela de gran porte: ella se envenenó en Río, a los treinta y dos años de edad, dejando esposo y un hijito en casa; no era persona de cultura excepcional, desde el punto de vista del cerebro, pero se caracterizaba, en la Tierra, por nobles cualidades morales; moza tímida, honesta, laboriosa, de instrucción regular y extremadamente devota por los deberes de esposa y madre.

Pasemos, entre tanto, sus once cuestiones y veamos las respuestas que ella nos dio y que transcribo, en su integridad:

   -¿La hermana poseía alguna fe religiosa, que le diese convicción en la vida después de la muerte?

-Seguía la fe religiosa, como acontece a mucha gente que acompaña a los otros en la manera de creer, en la misma situación con que se atiende a los caprichos de la moda. Para ser sincera, no admitía que fuera a encontrar la vida aquí, como la veo, tan llena de problemas o, tal vez, más llena de problemas que mi existencia en el mundo.

   -Cuando sobrevino la muerte del cuerpo, ¿quedó inconsciente o consciente?

-No conseguía siquiera mover un dedo, pero, por motivos que aún no sé explicar, permanecí completamente lúcida y por mucho tiempo.

   -¿Cuáles fueron sus primeras impresiones al comprobarse desencarnada?

-Al lado de terribles sufrimientos, un remordimiento indefinible tomó cuenta de mí. Oía los lamentos de mi esposo y de mi hijo pequeñito, en vano gritando también, suplicando socorro. Cuando la carro de los difuntos se llevó el cuerpo inmóvil, intenté quedar en casa pero no pude. Tenía la impresión de que yo yacía amarrada a mi propio cadáver por los nudos de una cuerda gruesa. Sentía en mí, en un fenómeno de repercusión que no sé definir; lanzada con él a un compartimiento del mortuorio, lloraba hasta enloquecer. Después de pocas horas noté que alguien me cargaba para la mesa de exámenes. Me vi súbitamente desnuda y temblé de pudor. Pero la vergüenza se fundió en el terror que pasé a experimentar al ver que dos hombres jóvenes me abrían el vientre sin ninguna ceremonia, a pesar del respetuoso silencio con que se entregaban a la pavorosa tarea. No sé qué me dolía más, si la dignidad femenina recortada anta mis ojos, o si el dolor indescriptible que me recorría la forma, en mi nuevo estado de ser, cuando los golpes del instrumento cortante me rasgaban la carne. Pero el martirio no quedó en ese punto, porque yo, que horas antes me encontraba en la comodidad de mi lecho doméstico, tuve que aguantar duchas de agua fría en las vísceras expuestas, como si yo fuera un animal de los que viera morir, cuando era pequeña, en el pueblo de mi padre… Entonces, clamé aún más por socorro, pero nadie me escuchaba, ni veía…

   -¿Recurrió a la oración en el sufrimiento?

-Sí, pero oraba, a la manera de los locos desesperados, sin ninguna noción de Dios…Me hallaba en franco delirio de angustia, atormentada por dolores físicos y morales… Además de eso, para salvar el cuerpo que yo misma destruyera, la oración era un recurso al que echaba mano, muy tarde.

   -¿Encontró parientes o amigos desencarnados, en sus primeras horas en el plano espiritual?

-Hoy sé que muchos de ellos procuraban auxiliarme, pero inútilmente, porque mi condición de suicida me ponía en plenitud de fuerzas físicas. Las energías del cuerpo abandonado como que me eran devueltas por él y me hallaba tan materializada en mi forma espiritual como en la forma terrestre. Me sentía completamente solitaria, desamparada…

   -¿Asistió a su propio entierro?

-Con el terror que mi amigo es capaz de imaginar.

   -¿No había Espíritus bienhechores en el cementerio?

-Sí, pero no podía verlos. Estaba mentalmente ciega de dolor. Me sentí bajo la tierra, siempre ligada al cuerpo, como alguien debatiéndose en un cuarto estrecho, lodoso y oscuro…

   -¿Qué aconteció enseguida?

-Hasta ahora, no consigo saber cuánto tiempo estuve en la celda del sepulcro, siguiendo, hora tras hora, la descomposición de mis restos… Hubo, sin embargo, un instante en que la cuerda magnética cedió y me vi liberada. Me puse de pie sobre la cueva. Me reconocía débil, hambrienta, sedienta, dilacerada…No había tomado posesión de mis propios raciocinios, cuando me vi cercada de una turba de hombres que, más tarde, vine a saber, eran crueles obsesores. Me dieron voz de prisión. Uno de ellos me notificó que el suicidio era una falta grave, que yo sería juzgada en corte de justicia y que no me restaba otra salida, sino acompañarlos al Tribunal. Obedecí y, poco después, fui encarcelada por ellos en tenebrosa urna, donde pude oír el llanto de muchas otras víctimas. Esos malhechores me guardaron en cautiverio y abusaron de mi condición de mujer, sin ninguna noción de respeto o misericordia… Solamente después de mucho tiempo de oración y arrepentimiento obtuve el auxilio de Espíritus misioneros, que me retiraron de la cárcel, después de enormes dificultades, a fin de internarme en un hospital de tratamiento.

   -¿Por qué razón decidió suicidarse?

-Celos de mi esposo, que había pasado a simpatizar con otra mujer.

   -¿Juzga que su actitud le trajo algún beneficio?

-Solamente complicaciones. Después de seis años de ausencia, herida por terribles nostalgias, obtuve permiso para visitar la residencia que yo juzgaba como siendo mi casa en Río. ¡Tremenda sorpresa!... En nada me adelantó el suplicio. Mi esposo, joven aún, necesitaba de compañía y escogiera para segunda esposa a una rival que yo abominaba… Él y mi hijo estaban bajo el cuidado de la mujer que me provocaba odio y rebeldía… Sufrí mucho en mi orgullo abatido. Me desesperé. Auxiliada pacientemente, con todo, por instructores cariñosos, adquirí nuevos principios de comprensión y conducta… Estoy ahora aprendiendo a convertir el odio en amor. Comencé a proceder así por devoción a mi hijo, a quien ansiaba extender las manos, y sólo poseía, en el hogar, las manos de ella, habilitadas para prestarme semejante favor… Poco a poco, noté sus cualidades nobles de carácter y de corazón y hoy la amo, de veras, como hermana de mi alma… Como puede observar, el suicidio me intensificó la lucha íntima y me impuso, de inmediato, duras obligaciones.

   -¿Qué aguarda para el futuro?

-Tengo hambre de olvido y de paz. Trabajo de buena voluntad en mi propio mejoramiento y cualquiera que sea la prueba que me espere, en las correcciones que merezco, ruego a la Compasión Divina me permita nacer en la Tierra, otra vez, cuando entonces espero retomar el punto de evolución en que me estacioné, para reparar las terribles consecuencias del error que cometí.

   -Aquí, mi querido, termina el curioso testimonio en que figuré en la posición de su secretario.

-Sinceramente, no sé por qué usted desea semejante entrevista con tanto empeño. Si es para curar una enferma ansiedad en una persona querida, inclinada a matarse, es posible que usted alcance el objetivo deseado. ¿Quién sabe? El amor tiene fuerza para convencer e instruir. Pero si usted supone que este mensaje puede servir de instrumento para alguna transformación en la sociedad terrena, sobre los fundamentos de la verdad espiritual, no estoy muy seguro en cuanto al éxito del intento. Digo esto, porque, si estuviese ahí, en mi cuerpo de carne, entre el pollo asado y el café caliente, y si alguien me trajese a leer la presente documentación, sin duda yo juzgaría que se tratara de una historia de brujería.

Del libro: Vitrina de la Vida, Psicografiado por Chico Xavier.

miércoles, 9 de febrero de 2022

Encuentro con Mereliny Monroe

 



ENCUENTRO EN HOLLYWOOD


Caminábamos, algunos amigos, admirando el paisaje de Wilshire Boulevard, en Hollywood, cuando hicimos parada ante la serenidad del Memoriam Park Cemetery, entre nuestro camino y los jardines de Glendon Avenue.

La hermosa mansión de los muertos mostraba una gran movilización de Espíritus liberados de la experiencia física, y entramos.

Todo, en el interior, era tranquilidad y alegría.

Los túmulos simples parecían monumentos erguidos a la paz, induciendo a la oración. Entre los árboles que la primavera pintara de verde, numerosas entidades iban y venían, muchas de ellas apoyadas unas en las otras a manera de convalecientes, sostenidas por enfermeros en el patio del hospital agradable y extenso.

En una esquina que se elevaba con el terreno, dos naranjos ornamentales cuidaban el acceso hacia el interior de la pequeña construcción que hospeda las cenizas de muchas personalidades que aportaron al Más Allá, con el aprecio del mundo. A un costado, leí la inscripción: “Marilyn Monroe” – 1926-1962.” Sorprendido, pregunté a Clinton, uno de los amigos que nos acompañaban:

-¿Están aquí los restos de Marilyn, la estrella del cine, cuya historia llegó hasta el conocimiento de nosotros mismos, los desencarnados, en el Mundo Espiritual?

-Sí – respondió él, y acentuó con expresión significativa: -no se detenga, sin embargo a examinarle la leyenda mortuoria… Ella está viva y usted puede encontrarla, aquí y ahora…

-¿Cómo?

El amigo indicó un frondoso olmo chino, cuyas ramas componen un refugio esmeraldino en el largo recinto, y habló:

-Es aquí que ella descansa, de seguro en visita reconformación y de reminiscencia…

A pocos pasos de nosotros, una joven desencarnada, pero aún evidentemente enferma, reposaba la cabellera rubia en el cuello de la simpática señora que la tutelaba. Marilyn Monroe, pues era ella, exhibía el rostro desfigurado y los ojos tristes. Informados de que nos sería lícito abordarla, para algunos momentos de conversación, nos aproximamos, respetuosos.

Clinton hizo la presentación y añadió:

-Soy un amigo de Brasil que desea oírla.

-¿Un brasileño buscándome, después de la muerte?

Sí, ¿y por qué no? – agregué – su experiencia personal interesa a millones de personas en el mundo entero…

Y el diálogo prosiguió:

-Una experiencia fracasada…

-¿Una lección tal vez?.

-¿En qué me podría ser útil?

-Su vida influyó en muchas vidas y estimaríamos recibir, aunque fuese un pequeño recado de su parte, para aquellos que la admiraron en las películas y que recuerdan en el mundo su presencia distinta…

-¿A quién agradaría acoger un grito de dolor?

-El dolor instruye…

-Fui mujer como tantas otras y no tuve tiempo ni disposición para reflexionar de filosofía.

-Pero hable aún así…

-Bien, diga entonces a las mujeres que no se ilusionen con respecto a la belleza y a la fortuna, la emancipación es un éxito…Eso da popularidad y la popularidad es un trapecio en el cual raras criaturas consiguen dar espectáculos de grandeza moral, incesantemente, en el circo de lo cotidiano.

-¿Admite, de ese modo, que la mujer debe permanecer en el hogar, de manera exclusiva?

-No tanto. El hogar es una institución que pertenece a la responsabilidad tanto de la mujer como del hombre. Quiero decir que la mujer luchó durante siglos para obtener la libertad… Ahora que la posee en las naciones progresistas, es necesario aprender a controlarla. La libertad es un bien que reclama sentido de administración, como acontece con el poder, con el dinero, con la inteligencia…

Pensé algunos momentos en la fama de aquella joven que se presentara en la Tierra, y de allí mismo, en Hollywood, y añadí:

-Miss Monroe, ¿Cuándo se refiere a la libertad de la mujer, usted quiere mencionar la libertad de sexo?

- Especialmente.

- ¿Por qué?

- Concurriendo sin ningún obstáculo al trabajo del hombre, la mujer, de manera general, se juzga con derecho a cualquier tipo de experiencia y, con eso, la mayoría de las veces, compromete las bases de la vida. Ahora que regresé a la Espiritualidad, comprendo que la reencarnación es una escuela con mucha dificultad de funcionar para el bien, toda vez que la mujer huye a la oportunidad de amar, en los hijos, la edificación moral a la que es llamada.

- ¿Desea decir que el sexo…

- Puede ser comparado a la puerta de la vida terrestre, canal de renacimiento y de renovación, capaz de ser guiado hacia la luz o hacia las tinieblas, conforme al rumbo que se le dé.

- ¿Le sería posible aclarar un poco más este asunto?

- No tengo expresiones para hablar sobre eso con la claridad necesaria: entre tanto, me propongo afirmar que el sexo es una especie de camino sublime para la manifestación del amor creativo, en el campo de las formas físicas y en la esfera de las obras espirituales, y, si no fuera respetado por una sensata administración de los valores de que se constituye, viene a ser naturalmente desordenado por las inteligencias animalizadas que aún se encuentran en los niveles más bajos de la evolución.

- Miss Monroe – consideré, encantado, oyendo sus conceptos -, debo asegurarle, no sin profunda estima hacia su persona, que el suicidio no le alteró la lucidez.

- La tesis del suicidio no es verdadera como fue comentada – acentuó ella sonriendo. – los vivos hablan acerca de los muertos lo que les viene a la cabeza, sin que los muertos le puedan dar la respuesta debida, ignorando que ellos mismos, los vivos, se encontrarán, más tarde, delante de ese mismo problema… La desencarnación me alcanzó a través de un tremendo proceso obsesivo. En verdad, en esa época, me hallaba bajo una profunda depresión. Desde pequeña, sufrí altas y bajas, en materia de sentimiento, por no saber gobernar mi libertad… Después de noches horribles, en las cuales me sentía enloquecer, por falta de orientación y de fe, ingerí, casi inconscientemente, los elementos mortíferos que me expulsaron del cuerpo, en la suposición que tomaba una simple dosis de píldoras mensajeras del sueño…

- ¿Consiguió dormir en la gran transición?

- De ningún modo. Cuando mi administradora golpeó la puerta del cuarto, inquieta al ver la luz encendida, desperté de súbito de la somnolencia a la que me entregara, sintiéndome dos personas a un solo tiempo… Grité aterrorizada, sin saber, de pronto, identificarme, porque lograba moverme y hablar, al lado de aquella otra forma, la vestimenta carnal que yo despidiera… Infelizmente para mí, el aposento abrigaba algunos malhechores desencarnados que, más tarde, vine a saber, me dilapidaban las energías. Acompañé con indescriptible angustia, lo que siguió con mi cuerpo inerme; entre tanto, eso hace parte de un capítulo de mi sufrimiento que le pido permiso para no recordar…

- ¿Le será posible explicarnos por qué habrá experimentado esa agudeza de percepción, justamente en el instante en que la muerte, de manera común, trae anestesia y reposo?

-Efectivamente, no tuve la intención de huir de la existencia, pero, en el fondo, estaba inmersa en un suicidio indirecto. Malbarataba mis fuerzas en nombre del arte, me entregaba a excesos que arrasaron mis oportunidades de elevación espiritual… Últimamente, fui informada por amigos de aquí que no me fue posible descansar, después de la desencarnación, mientras no me desprendí de la influencia perniciosa de Espíritus vampirizadores a cuyos propósitos yo me adhiriera, por falta de discernimiento en cuanto a las leyes que rigen el equilibrio del alma.

- Comprendo que dispone ahora de valiosos conocimientos, en torno de la obsesión…

Sí, creo hoy que la obsesión entre las criaturas humanas, es un flagelo mucho peor que el cáncer. Pidamos a Dios que la ciencia en el mundo se decida a estudiar sus problemas y resolverlos…

La entrevistada mostraba señales de fatiga y, por los ojos de la enfermera que le sostenía la cabeza en el regazo amigo, percibí que no me cabía continuar.

- Miss Monroe – concluí – fue para mí un placer este encuentro en Hollywood. ¿Podemos, acaso, saber cuáles son, en la actualidad, sus planes para el futuro?

Ella emitió una nueva sonrisa, en que se mezclaban la tristeza y la esperanza, mantuvo silencio por algunos instantes y afirmó:

- En la condición de enferma, primero, quiero mejorarme… Enseguida, como alumna en la escuela de la vida, necesito repetir las lecciones y pruebas en que fallé… Por ahora no debo ni puedo tener otro objetivo que no sea reencarnar, luchar, sufrir y reaprender…

Pronuncié algunas frases cortas de agradecimiento y despedida y ella agitó la mano pequeñita en un gesto de adiós. Poco después, preparé estas notas, a manera de reportaje, a fin de pensar en las bendiciones del Espiritismo Evangélico y en la necesidad de su divulgación.

Del libro Vitrina de la Vida, Psicografiado por Chico Xavier

viernes, 17 de diciembre de 2021

Obsesión disfrazada

 



La influencia espiritual sólo se concreta en virtud de la sintonía que se establece entre nosotros y los Espíritus

Conforme las enseñanzas espíritas, la influencia espiritual sobre nosotros puede ser buena o mala, oculta u ostensiva, fugaz o duradera, pero en toda y cualquier situación sólo se concreta en virtud de la sintonía que se establece entre nosotros y ellos.

En muchos de los pensamientos que tenemos, nos surgen a veces ideas diferentes e incluso contradictorias acerca del mismo asunto. Probablemente en esos momentos estemos siendo blanco de la influencia de los Espíritus, hecho que no todos percibimos, especialmente cuando ella se da de forma sutil y oculta, como se verificó en el conocido caso Custódio Saquarema, que Humberto de Campos (Espíritu) relató en su libro “Cartas y Crónicas”, psicografiado por el médium Francisco Cándido Xavier.

Custódio Saquarema fue en la Tierra un importante abogado y, conforme sus propias palabras, obtuvo mucha  consideración  y  ganó  mucho  dinero  en  la última existencia, volviendo, sin embargo, a la vida espiritual mucho más pobre  que cuando hubo partido, en el rumbo de la reencarnación. Él renació en un hogar espírita, pero, como sucede a la mayoría de los reencarnados, traía consigo, unidos a su clima psíquico, algunos socios de adicciones y extravagancias del pasado que, sin el vehículo de carne, se valían de él para vincularse a las sensaciones del plan terrestre.

Su programa reencarnatorio era excelente, pero sus vampirizadores, astutos e inteligentes, actuaban solapadamente, sin que él, ni de lejos, les presintiera la influencia. Y lo hacían a través de simples consideraciones íntimas. Tan inmediatamente se vio salido de la adolescencia, con buena dosis de razonamientos lógicos en la cabeza, los instructores amigos le exhortaron, por medio de sus padres, a cultivar el reino del espíritu, refiriéndose con eso al estudio, abnegación, perfeccionamiento, pero dentro de él las voces de sus acompañantes surgían de la mente, hilos del agua fluyendo de fuentes, dándole la falsa idea de que hablaba consigo mismo: "¿Cosas del alma, Custódio? Nada de eso. Tú hora eres joven, alegría, sol... Deja la filosofía para después..."

El caso Custódio Saquarema es una prueba de que la influencia puede ser sutil y disfrazada.

Esas consideraciones se repitieron a lo largo de la existencia, cambiando apenas de forma. Al concluir la facultad, las advertencias del hogar se hicieron más altas, llamándolo al deber; sin embargo, sus seguidores invisibles replicaban con la mofa inarticulada: "¿Ahora? ¡¡No es el momento oportuno!!. ¿De qué manera armonizar la carrera iniciada con asuntos de religión? ¡Custódio, Custódio!... ¡Observa el criterio de las mayorías, no te desequilibres!..."

Años después, Custódio se casó y, enseguida, los llamados a la espiritualización recrudecieron. Sus bellacos explotadores, con todo, comentaron, vivaces: "¡No cedas, Custódio! ¿Y las responsabilidades de familia? Es preciso trabajar, ganar dinero, obtener posición, cuidar de tú mujer e hijos..."

Cuando en la edad madura, él aún recibía los avisos de los buenos Espíritus, por intermedio de compañeros dedicados, llamándolo a la elevación moral por la ejecución de los compromisos asumidos; más en la casa mental se elevaban los argumentos de sus obsesores inflexibles: "Custódio, tú tienes más quehaceres... ¿Cómo disminuir los negocios? ¿Y la vida social? Piensa en la vida social... Tú no estás preparado para la siembra de la fe..."

Llegaron, por fin, la vejez y la enfermedad. Custódio pasó entonces, a sufrir y a desencantarse y las últimas invitaciones de la Espiritualidad Mayor, aún insistían a que se consagrara a las cosas sagradas del alma, mientras que los gritos de sus antiguos vampirizadores se elevaban, irónicos, soplándole sarcasmo, como si fuera él mismo  ridiculizándose: "¡¿Tú, viejo Custódio?! ¿Que vas a hacer tú con el Espiritismo? Es demasiado tarde... Profesión de fe, mensajes de otro mundo... ¿Qué se dirá de ti? Tus mejores amigos hablarán de locura, senilidad... No tengas duda... Tus propios hijos te lo impedirán, como siendo un enfermo mental, inepto para la dirección de cualquier interés económico... Tú no estás en el tiempo de eso..."

Nótese, conforme el propio Custódio Saquarema observó, que sus perseguidores no le maltrataron el cuerpo, ni le perturbaron la mente. Alentaron sólo su comodismo y, con eso, le impidieron cualquier paso renovador. Él fue víctima, a lo largo de la existencia, de una especie de obsesión disfrazada.

viernes, 4 de junio de 2021

Tocó el manto de Jesús

 


Flujos de Sangre

Encontraremos en Levítico 15: 19 - 30 lo siguiente...

Cuando la mujer tuviere flujo de sangre, y su flujo fuere en su carne, siete días estará apartada; y cualquiera que la tocare, será inmundo hasta la tarde. Y todo aquello sobre que ella se acostare mientras su separación, será inmundo; y todo aquello sobre que se sentare, será inmundo. Y cualquiera que tocare su cama, lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde. También cualquiera que tocare cualquier mueble sobre que ella se hubiere sentado, lavará sus vestidos; se lavará luego a sí mismo con agua, y será inmundo hasta la tarde. Y si alguna cosa estuviere sobre la cama, o sobre la silla en que ella se hubiere sentado, el que lo tocare será inmundo hasta la tarde. Y si alguno durmiere con ella, y la inmundicia de ella fuere sobre él, será inmundo por siete días; y toda cama sobre que durmiere, será inmunda. Y la mujer, cuando manare el flujo de su sangre por muchos días fuera del tiempo de su costumbre, o cuando tuviere flujo de sangre más de su costumbre; todo el tiempo del flujo de su inmundicia, será inmunda como en los días de su costumbre.

Cualquiera que tocare en esas cosas será inmundo; y lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde. Y cuando fuere limpia de su flujo, se ha de contar siete días, y después será limpia. ...(sigue)


   Según las prescripciones del Viejo Testamento, el periodo menstrual volvía impura a la mujer. Era como si hubiese cometido el pecado de contrariar a la Naturaleza, frustrando su empeño en perpetuar la especie. Y transmitía impureza a personas, muebles, ropas y objetos con los cuales tuviese contacto.

Eran días penosos, marcado por cuidados extremos, a fin de evitar contaminaciones. Eso le imponía cierta soledad.

Se distanciaba de las personas en el propio hogar, evitando efusiones afectivas, como acariciar a un hijo. Si el periodo era difícil, imaginemos la mujer que, en virtud de un problema ginecológico, experimentase un flujo semejante a la interminable menstruación.

Hoy sabemos que se trata de una pequeña hemorragia, generada por variados males, como un tumor, disturbio hormonal, infección renitente…

En la antigüedad era precarios los recursos médicos. La paciente quedaba, no es raro, largos periodos situada como impura, en una posición humillante.

Uno de los más bellos episodios evangélicos envuelve esa situación. Significativo el título:

“La hemorroísa”.

Hablan los evangelistas de cierta mujer que desde hacía doce años permanecía catamenial, es decir, menstruada.

Marcos afirma que sufrió mucho; consumió tratamientos variados todo lo que tenía, sin mejorar. Por el contrario – estaba cada vez peor.

Imaginemos su sufrimiento. Ninguna mujer encuentra agradable el flujo menstrual, acompañado, casi siempre, de tensión, cólicos, dolores, irritación, depresión, angustia…Y como si la Naturaleza le cobrase el hecho de no haber concebido.

¡Imaginemos a quien se sintiese menstruada desde hace doce años!

Consideremos, para efecto de narrativa, que la hemorroísa era la legendaria Verónica.

Oyó hablar de Jesús, conocía los prodigios que realizaba. Tenía absoluta certeza de que el bondadoso Rabí resolvería su problema. Al final, parar el flujo menstrual era mucho más fácil que dar visión a los ciegos, dar movimiento a los paralíticos, audición a los sordos…

Había un problema:

¿Cómo acercarse a Jesús y dirigirle la palabra, siendo impura? Le parecía impertinencia, una osadía…

Inmenso el peso de los preconceptos que oprimían a la mujer en aquellos tiempos lejanos.

Indecisa en principio, Verónica se animó con un ejercicio de lógica cristalina: No hacía falta hablar con Jesús.

El poder que estaba en sus manos y en su voz impregnaba también sus ropas.

¡Bastaría tocar en una punta de su túnica y seria curada! Así, esperó ansiosa, la bendecida oportunidad.

Cuando el Maestro pasó por las inmediaciones, en Cafarnaúm, regresando de Gerasa, fue a su encuentro. La multitud lo rodeaba.

Venciendo la timidez, con infinito cuidado para no contaminar a nadie con su impureza, Verónica, se aproximó a Jesús, que caminaba delante de ella.

¡Fue tomada de inexplicable emoción!

¡Finalmente llegó el momento tan esperado!

¡Estaba cerca del Mesías!

Sin vacilar, extendió sus temblorosas manos y tocó sus ropas…

Si viviese en nuestro tiempo, diría haber experimentado un suave choque eléctrico, un hormigueo extendiéndose en su cuerpo. Sintió, instantáneamente, que el flujo sanguíneo cesaba.

¡Alcanzó la gracia soñada! Podemos imaginar su alegría.

- ¿Quién me tocó? - preguntó Jesús.

Evidentemente sabia quien lo hizo. Solamente deseaba destacar aquella gloriosa manifestación de fe.

Simón Pedro, respondió:

- Maestro, la multitud nos comprime. Hay mucha gente a nuestro alrededor. ¿Cómo vamos a saber quién te tocó?

Jesús insistió:

- Alguien me tocó. Percibí que salió de mi un poder.

¡¡¡Verónica tembló!!!

Los doce años de impureza hicieron de ella una mujer solitaria, tímida, temerosa de contacto con las personas. Pero, convocada al testimonio, en aquel glorioso momento que habría de marcar para siempre su trayectoria... no vaciló.

Se arrodilló delante de Jesús y le relató sus dolorosas experiencias, el mal que la atormentaba desde hacía doce años y porque tocó sus ropas.

¡Suprema felicidad! ¡estaba curada!

Jesús levantó a Verónica y, abrazándola cariñosamente, le dijo:

- ¡Hija, tu fe te salvó! Ve en paz y queda libre de tu mal.

Un prodigio extraordinario más era realizado por el misionero divino. Nuevamente quedaba demostrado:

La fe era la base fundamental para que las personas recibiesen sus bendiciones.

¿La cura es el premio para la fe?

¿Jesús rechaza a ayudar a los que no creen en Él? ¡Ciertamente, no!

Inaceptable tal comportamiento por parte de alguien que vino para acabar con discriminaciones y preconceptos.

El Maestro nos ayuda a todos. Incluso los incrédulos pertenecen al inmenso rebaño humano, conducidos por el celeste pastor. Pero hay una condición establecida por las leyes divinas para el atendimiento de nuestras suplicas:

La sintonía vibratoria.

Semejante a Verónica, no es necesario exponer resentimientos y deseos, ni anunciar problemas y enfermedades. Basta tener fe, la certeza plena de que seremos agraciados.

Imaginémonos extendiendo las manos a Jesús, como Verónica…

¡Sentiremos el poder que fluye, emanado de la espiritualidad, haciendo cesar el flujo de nuestros dolores!


Extraído del libro: Tu fe te salvó, de Richard Simonetti

La confianza y sintonía con Jesús, es la solución a nuestro diario vivir.

(Está un poco recortado, por no hacerlo tan extenso)

domingo, 11 de abril de 2021

Maria de Magdala

 



MAGDALENA

 

La primera visita de Jesús, en la resurrección, es uno de los hechos mas significativos del Evangelio que invita a la meditación profunda y esmerada.

¿Qué importantes razones movieron al Divino Maestro a dejar de lado a tantas figuras más próximas a su vida para resurgir ante los ojos de Magdalena en primer lugar?

No obstante, el gesto de Jesús es profundamente simbólico, en su esencia divina.

Entre los personajes de la Buena Nueva, nadie se violentó tanto a sí mismo para seguir al Salvador, como la inolvidable obsesa de Magdala.

Ni siquiera Pablo de Tarso haría tanto, mas tarde, porque la conciencia del apóstol de los gentiles se apasionaba por la Ley, pero no por los vicios. Pero Magdalena había conocido el fondo amargo de los hábitos difíciles de ser extirpados, había sucumbido al contacto con entidades perversas, permanencia “muerta” en las sensaciones que operan la parálisis del alma. Pero, bastó el encuentro con el Cristo para abandonarlo todo y seguir sus pasos, fiel hasta el fin, en los actos de negación de si misma y en la firme resolución de tomar la cruz que le competía en el calvario redentor de su angustiosa existencia.

Es comprensible que muchos estudiantes investiguen la razón por la cual no se apareció el Maestro, en primer lugar, a Pedro o a Juan, a su Madre o a los amigos. Sin embargo, es igualmente razonable reconocer que, con su gesto inolvidable, Jesús ratificó la lección de que su doctrina será, para todos los aprendices y seguidores, el código de las vidas transformadas para la gloria del bien. Y nadie había transformado la suya, a la luz del Evangelio redentor, como Maria de Magdala.

 

Del libro: Camino, Verdad y Vida, psicografiado por Francisco Cándido Xavier, dictado por el Espíritu Emmanuel.